Transcripción: La Estrategia de Seguridad de Nacional de la administración Obama


(Fortalecerá el liderazgo de Estados Unidos y hará avanzar los intereses nacionales)


“[E]n un mundo como este, no se necesita menos el liderazgo estadounidense, en realidad se necesita más. Y el hecho simple es que ningún desafío global importante puede ser resuelto sin nosotros”, dijo la secretaria Clinton en un discurso sobre la Estrategia de Seguridad de Nacional de la administración Obama pronunciado el 27 de mayo en el Instituto Brookings.
 
A continuación una traducción de la transcripción del discurso:
 
DISCURSO
 
Secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton
La Estrategia de Seguridad de Nacional de la administración Obama
 
27 de mayo de 2010
Instituto Brookings
Washington, D.C.
 
SECRETARIA CLINTON: Bien, muchas gracias por darnos esta oportunidad de venir a Brookings para hablar de la Estrategia de Seguridad Nacional. Aprecio las amables palabras de Strobe sobre esta estrategia, a la que, por cierto, se le ha puesto una enorme cantidad de atención en los más altos niveles de la administración Obama durante los últimos 15 meses. Y es nuestra intención tratar de integrar muchos de los diversos aspectos de la seguridad nacional. Una de nuestras metas al llegar a la administración era hacer exactamente lo que dijo Strobe, comenzar a plantear el caso de que la defensa, la diplomacia y el desarrollo no son entidades separadas ni en cuanto a la substancia ni en cuanto al proceso, sino que era necesario que fueran considerada como parte de un todo integrado, y que por ello el todo del gobierno tendría que ser partícipe de esta búsqueda.
 
Por ello estoy tan contenta de tener esta oportunidad. Aquí hay tantos viejos amigos, pensadores importantes, y conferencistas de la política exterior de Estados Unidos, que están aquí junto a miembros de la comunidad diplomática, y nos complace poderlos ver a todos.


 
Esta es una estrategia de seguridad nacional integral, que comprende nuestras fuerzas aquí internamente, nuestro compromiso con la seguridad territorial, nuestra defensa nacional y nuestra política exterior. En resumen, con esta estrategia se trata de fortalecer y aplicar el liderazgo estadounidenses para impulsar nuestros intereses nacionales y resolver los problemas compartidos. Hacemos esto ante un telón de fondo con un panorama global distinto y siempre cambiante, y una herencia difícil: dos guerras, una economía en dificultades, una credibilidad disminuida en el extranjero, instituciones internacionales que ceden ante el peso de los cambios sistémicos, y mucho más.
 
Nuestro enfoque es ensamblar las diferentes fuentes de la potencia estadounidense en el país y darle forma al sistema mundial, de manera que sea más conducente para el cumplimiento de nuestros objetivos principales: seguridad, prosperidad, la explicación y la diseminación de nuestros valores, y un orden internacional justo y sostenible.
 
Ahora, es obvio, el mundo que confrontamos hoy ha cambiado. Esta es una Estrategia de Seguridad Nacional integral porque creemos que tenemos que mirar al mundo de una manera más integrada. El ritmo y la naturaleza de la interconexión, la interdependencia económica, las nuevas tecnologías, todo eso ha puesto de alguna manera al mundo, yo diría, en mucho más contacto a nivel superficial, pero de otras maneras revela la intensidad de las exigencias para Estados Unidos para poder responder y liderar.
 
El tipo y la cantidad de actores con influencia, potencias emergentes, actores no estatales, ya lo vimos de manera clara en Copenhague cuando el presidente Obama y yo trabajamos para crear un mecanismo de algún tipo que justificara la gravedad del desafío que enfrentamos y los esfuerzos extraordinarios que muchos países y actores no estatales hicieron para llegar a Copenhague.
 
Nosotros vemos un mundo en el que un gran poder es principalmente ejercido por una nación, aunque hay muchas otras potencias existentes y emergentes. Y no se trata tanto de los conflictos entre las potencias, sino de las nuevas y complejas amenazas que subyacen e impulsan mucha de la interacción entre las potencias del mundo de hoy: terrorismo, proliferación, cambio climático, ciberseguridad, seguridad energética, y muchas otras fuerzas en curso en nuestro mundo.
 
Sin embargo también hay oportunidades enormes, nuevos modos de cooperación, nuevas capacidades para mejorar las vidas, algunos esfuerzos tangibles para cerrar las grandes brechas en la comprensión, por medio de los medios informativos y por medio de la diplomacia. Estamos en una competencia entre las fuerzas de la integración y las fuerzas de la desintegración, y eso lo vemos cada día. Y parte de nuestro desafío es definir el liderazgo estadounidense en términos relevantes para el mundo de hoy y de mañana, y no simplemente mirando por el espejo retrovisor, lo que dificulta mucho el poder manejar hacia adelante.
 
Por ello en un mundo como este, no se necesita menos el liderazgo estadounidense, en realidad se necesita más. Y el hecho simple es que ningún desafío global importante puede ser resuelto sin nosotros.
 
Con frecuencia suelo decir que estamos solos cuando se trata de la fuerza militar y económica, que no tiene parangón, pero que todavía queda mucho más en relación a lo que intentamos tanto administrar y dirigir, y en algunos casos, resolver, en la larga lista de problemas que nos encontramos. Para enfrentar esos desafíos se requiere innovación, adaptabilidad, poder para proyectar valores, capacidad de convenir y conectar amplias coaliciones de actores. Esta es, en los hechos, una ventaja comparativa de Estados Unidos muy importante. Ahora tenemos menos poder, pero tenemos que aplicarlo de distinta manera. Estamos pasando del ejercicio principalmente directo y de la aplicación del poder a una mezcla más difícil y sofisticada de poder e influencia.
 
Por ello eso del poder inteligente no solamente un lema. De hecho tiene significado. Ciertamente significó algo para mí cuando comencé a utilizarlo. Y creo que se está escogiendo gradualmente como un descriptor justo de lo que estamos acometiendo.
 
Tenemos que equilibrar e integrar todos los elementos de nuestra potencia, comenzando con las denominadas tres “Des”, o sea defensa, diplomacia y desarrollo, aunque también incluyendo nuestra potencia económica y el poder de nuestro ejemplo. Tenemos que tener paciencia y persistencia estratégicas, porque la aplicación indirecta del poder y la influencia toman tiempo. Así lo saben todos los diplomáticos por la experiencia histórica, pero el tipo de diplomacia lenta y paciente que se precisa para la gran mayoría de los problemas a los que nos enfrentamos en la diplomacia, remontándonos en la historia, es mucho más difícil hoy día.
 
Quiero decir, piensen en algunos de los momentos críticos en los que nos fijamos con admiración cuando ocurrieron hechos trascendentales. Cuán difícil es imaginar hacer eso hoy con Twitter, con blogs, con cobertura de medios las 24 horas del día los siete días a la semana, de manera que los ingredientes necesarios para establecer cierto nivel de confianza, para entender los puntos de vista opuestos, tener el lujo del tiempo, incluso si se trata de días o semanas, para pensar sobre los enfoques, todo eso ha aumentado como con un telescopio. Les he dicho a varios amigos y colegas que la intensidad de la empresa diplomática es mucho más grande que la que observé y en alguna extensión, participé, en la década de 1990. Es simplemente un mecanismo que se acelera constantemente que exige que la gente actúe con frecuencia mucho más rápida de lo que el problema se merece. Sin embargo este es el mundo en que nos hallamos. Y por lo tanto tenemos que adaptarnos y tenemos que entender lo que sea preciso para cumplir las exigencias de los tiempos en que nos hallamos. Y necesitamos socios. Necesitamos socios que nos ayuden a resolver esos problemas compartidos.
 
El año pasado dije ante el Consejo de Relaciones Exteriores que dos hechos ineludibles definen a nuestro mundo. Primero, que ningún país puede enfrentar solo los desafíos del mundo. Y segundo, que enfrentamos obstáculos muy reales que obstaculizan la conversión de la comunidad de intereses en acción común. Por ello, liderazgo significa superar esos obstáculos estableciendo coaliciones que puedan producir resultados en contra de esos desafíos compartidos. Significa otorgar incentivos a los estados que sean parte de la solución, así lo reconozcan o no, permitiéndoles y alentándolos a cumplir con responsabilidades que hasta hace apenas una década jamás habrían pensado que eran suyas, y desincentivar a aquellos que no lo hagan.
 
Tenemos una estrategia sistemática para cultivar asociados que puedan ser convocados para que nos puedan ayudar a resolver los desafíos globales. Primero, energizar y actualizar nuestras alianzas. En los días pasados estuve con dos de nuestros aliados más sólidos, Japón y Corea del Sur. Y mi primer viaje como secretaria de Estado fue a Asia, a esos países para darles energía a esas alianzas, y desde entonces hemos logrado mucho, creando robustos diálogos estratégicos con los centros emergentes de influencia.
 
Con frecuencia también hay cierto tipo de rechazo al diálogo o a crear un marco diplomático en curso, en el cual discutir una amplia variedad de temas. Ocurre que soy una gran creyente. Creo que profundizar nuestro compromiso con países claves como Rusia, China, India, y otros, nos permite tener una mejor compresión y también a nuestras contrapartes. También coloca la relación en un marco más amplio aparte del sitio candente habitual, de la crisis y la emergencia que convoca la atención de todos. Y hemos visto como sólo durante el año pasado, el uso de esos diálogos nos ha permitido atender varios problemas comunes serios, aunque también nos ha permitido mantener el avance de la relación hacia adelante.
 
Nosotros hemos, como ustedes saben, aprovechado la tarea de las administraciones pasadas respecto a China y actualmente contamos con el intercambio, posiblemente el más grande, de funcionarios gubernamentales y el intercambio de criterios más amplio que nunca hayamos tenido, no solamente con China, sino posiblemente con cualquier otro país. Hemos enviado a Pekín a 200 funcionarios gubernamentales de Estados Unidos para la segunda ronda del Diálogo Estratégico y Económico. Y aunque gran parte del trabajo que se ha hecho nunca ha de llegar a los titulares, es muy importante.
 
Dos ejemplos rápidos: hemos firmado el primer acuerdo, jamás hecho antes, por el cual expertos de Estados Unidos trabajarán con sus contrapartes de China para el desarrollo de la industria del gas natural en China, que encierra muchas promesas. ¿Por qué es importante? Bien, para China, el contar con fuentes de energía independientes y locales, son buenas noticias para ellos; para nosotros, el que China tenga fuentes de energía independientes y locales son buenas noticias. Porque entonces podemos ver un giro en relación a la dependencia energética en partes del mundo que obviamente influyen en su política exterior. Tienen que hacer funcionar sus fábricas y encender las luces, y hay ciertos lugares en el mundo que abastecen para eso. Entonces ello ha de influenciar la manera en que se aborda la participación con esos países.
 
En segundo lugar, hemos hablado mucho sobre el desarrollo. China está presente con mucho peso en África, América Latina y en otras partes de Asia haciendo trabajos de desarrollo, gran parte de ello vinculado a intereses económicos, aunque no exclusivamente. Y hemos comenzado a tener conversaciones, por primera vez, sobre cómo podemos entender mejor que es lo que están haciendo, ser más transparentes con lo que estamos haciendo, y buscar maneras de trabajar juntos.
 
Con India, que comienza la semana próxima, es la primera vez que tenemos un diálogo estratégico ministerial. Ha habido interacciones, por supuesto, en muchos niveles. Strobe fue nuestro funcionario principal en la Administración Clinton. Pero queremos desarrollar conexiones no sólo entre diplomáticos de alto rango, como lo fue Strobe, sino también entre personas que trabajan en educación superior, personas que trabajan en agua potable, personas que trabajan en facultar a la mujer. Y eso es exactamente lo que pretendemos hacer.
 
Invertimos en los países en desarrollo que creemos que llegan a cierto punto, como Ghana y Tanzania, para ayudar a crear nuevos a socios capaces. El discurso del presidente en Ghana el año pasado fue un verdadero llamado a los países de África para que piensen en su potencial de manera distinta y creen instituciones para que cambien de la regla del hombre al estado de derecho. Y por eso queremos trabajar para crear más éxitos.
 
Vamos más allá de los estados para construir asociaciones con el sector privado, con ONG, con instituciones académicas, y yo he hablado bastante acerca de la diplomacia del siglo XXI. De manera que formamos asociaciones entre la tecnología y la habilitación de ciudadano en lugares como la República Democrática del Congo. Estamos considerando incluir a nuestro sector privado para que sea socio en la resolución de problemas, y nuestra iniciativa recientemente anunciada, Alimentar el Futuro, escoge a ciertos países en los que invertiremos mucho para hacer sus sectores agrícolas más productivos y así puedan alimentarse a sí mismos. Acudimos a socios del sector privado para que nos ayuden en esto.
 
Estuve también en Shanghái en mi viaje más reciente a la exposición Shanghái Expo, y ciertamente vi en muchos aspectos el momento histórico extraordinario del que China disfruta. China interactúa con nosotros no sólo de gobierno a gobierno, sino además entre los sectores privados, y queremos aumentar más esas interacciones. Así que, uno de mis anuncios fue el de enviar 100.000 estudiantes más como parte de las medidas de la administración Obama de contactos con China en los próximos cuatro años. Buscamos maneras de crear esas conexiones de persona a persona.
 
Estamos elaborando estrategias para fortalecer nuestro compromiso con las instituciones regionales: OTAN, ASEAN, OEA; y para reformar instituciones mundiales. El G20 es el principal ejemplo de ello en este último año. Trabajamos en la arquitectura regional en Asia. Pronuncié un discurso hace pocos meses en Hawái en el que hablé de cómo será esa arquitectura regional con Estados Unidos firmemente incluido en ella. Y trabajamos para asegurar que nuestras administraciones en nuestro país obviamente cambien con el tiempo.
 
Pero creemos que hay ciertos compromisos, como vimos en una base bipartita con la OTAN, que deben incluirse en el ADN de la política exterior estadounidense y no empezar y terminar con ellos de manera intermitente. El compromiso tiene que permanecer constante. Había un sentimiento de que Estados Unidos se había apartado de Asia, y ninguno de nuestros amigos deseaba que fuera así. No podemos permitir que en este mundo grande y complejo que tanto exige Estados Unidos esté ausente de ningún lugar.
 
Damos a las naciones antagónicas una opción clara de doble vía, y queremos convertir a un mundo multipolar en un mundo de socios múltiples. Sé que algunos critican que, de algún modo, al hablar de esta manera se socava la fuerza, el poder y el liderazgo de Estados Unidos. Eso es algo con lo que no podría estar en más desacuerdo. Pienso que intentamos ganar socios para seguir los intereses estadounidenses. Creemos que muchos de esos intereses coinciden con intereses universales, y ciertamente, con nuestro interés de lograr mejores resultados para los pueblos de todo del mundo.
 
Mi opinión es que tratamos de utilizar todas y cada una de nuestras herramientas, porque los valores universales son el fundamento de lo que somos, y deben estar en el centro de lo que hacemos. Pretendemos resolver los problemas porque estamos comprometidos al progreso mundial que promueve la dignidad y la oportunidad para que todos realicen el potencial que Dios les ha dado. Los valores importan para nuestra seguridad nacional. Eso debería caer de su peso, pero no sólo hay que repetirlo, sino quizá iluminarlo como un conjunto de principios que nos guíen. La democracia, los derechos humanos y el desarrollo se refuerzan mutuamente y están profundamente relacionados con nuestros intereses nacionales.
 
Ahora bien, no obstante, hay enfoques diferentes en la manera cómo actuamos respecto a esos valores humanos universales. Algunas veces, hay un llamado, que yo traté de hacer en el discurso que pronuncié acerca de libertad de Internet, para incluir eso en la agenda mundial, no sólo en la del Departamento de Estado. Y a veces, es diplomacia discreta porque no estamos interesados en sólo ganar puntos y lograr titulares de prensa. Estamos interesados realmente en cambiar las condiciones, cambiar actitudes, cambiar leyes, cambiar para bien las vidas de la gente.
 
El desarrollo y los derechos de la mujer son dos ejemplos en donde los resultados y los valores convergen. Es lo correcto y lo inteligente que debe hacerse. Lo vemos en todas partes. Aún en mi propio personal, veo a veces que algunos de mis jóvenes empleados ponen los ojos en blanco cuando me refiero a los derechos de la mujer por 967ª vez. Pero lo hago no sólo porque lo creo apasionadamente sino porque sé, por todas las pruebas que hemos obtenido acerca de la relación entre el desarrollo y la democracia, que las mujeres son la clave de ambos, que al cambiar las condiciones que permiten que las mujeres logren más influencia, más habilitación – mediante la educación, la asistencia médica, los empleos, y el acceso al crédito – literalmente se cambia la manera en que las personas piensan de sí mismas, lo que esperan de su gobierno. Y continuaremos fomentando eso como uno de los intereses fundamentales de Estados Unidos.
 
Ahora bien, esta es una estrategia de resultados. Siempre nos preguntamos si hemos contribuido de manera tangible al progreso mundial que mejora la seguridad, amplía el círculo de la prosperidad, hace avanzar los valores universales y ayuda a construir un orden internacional justo y sostenible. O de manera más específica, si hemos asegurado nuestros materiales nucleares. La Cumbre de Seguridad Nuclear del presidente Obama fue un acontecimiento histórico extraordinariamente importante porque por primera vez los países se reunieron para hablar de lo que cada líder dice es la principal amenaza para la humanidad pero a la que hemos honrado más en la batalla que en las medidas tomadas.
 
¿Hemos mejorado las condiciones materiales de las vidas de las personas mediante el desarrollo efectivo? Ahora que entramos en la etapa final de nuestra Revisión Cuatrienal de Diplomacia y Desarrollo y la Estrategia del Presidente para el Desarrollo, queremos rendir cuentas. Creemos que si vamos a comprometernos al desarrollo, si vamos a tener que pedir a los contribuyentes estadounidenses que ayuden a pagar para enviar a la escuela al hijo de alguien o proporcionarle a la madre de alguien más asistencia de salud materna, debemos poder mostrar resultados.
 
Porque eso realmente me lleva al último punto. Agradecí el apoyo realmente firme de Strobe a nuestro proceso, y espero agradecer también, a medida que ustedes estudian el producto, algunos de los titulares de prensa que resulten de ello. Pero quizá lo más importante es que Estados Unidos debe ser fuerte en casa para ser fuerte en el extranjero. Tenemos que dirigir con confianza. Tenemos que tener condiciones en efecto en nuestro propio país con las que podemos proyectar tanto poder como influencia.
 
No creo que sea sorpresa para nadie que cuando el presidente Obama asumió el cargo el año pasado en medio de una crisis económica tan peligrosa, con la economía de Estados Unidos en posición precaria, había un gran interrogante: ¿Qué significa esto? ¿Qué harán otros países ahora que Estados Unidos está en una situación tan difícil económicamente? Y me complace informar que un año más tarde, gracias a las políticas económicas que el presidente adoptó y que el Congreso aprobó, no obstante todo el ajetreo político al respecto, estamos en una posición económica mucho más fuerte que antes. Y que eso importa. Importa cuando vamos a China. Importa cuando tratamos de influir en Rusia. Importa cuando hablamos con nuestros aliados en Europa. Importa cuando tratamos con nuestro propio hemisferio o cuando consideramos lo que podemos hacer para ayudar a influir en los acontecimientos para el bien de África.
 
Gran parte de esta estrategia nacional de seguridad se refiere por primera vez a los desafíos que enfrentamos en el país: Nuestro propio déficit, nuestra deuda, las estrategias antiterroristas. John Brennan pronunció un discurso acerca de ese aspecto de la Estrategia de Seguridad Nacional, al hablar de algunos de los cambios que se han hecho en esta Administración.
 
De manera que estamos muy comprometidos a seguir esta estrategia en todas sus muchas partes, pero creemos que la suma de las partes es un todo que constituye un endoso fuerte al liderazgo y al papel de Estados Unidos en el siglo XXI. Reconocemos totalmente las dificultades que existen en el mundo de hoy para pretender y lograr esa clase de posición, pero creemos que tenemos la mano más fuerte que jugar porque representamos a Estados Unidos de América y al pueblo de este país, su determinación, su espíritu empresarial, su patriotismo y sus valores fundamentales. Y eso, más que nada, es lo que aportamos a nuestro trabajo en el mundo hoy.