Dr. Oscar Ventura.
lunes 7 de junio de 2010
Todos ustedes conocen sin duda el cuento infantil de los tres cerditos, aunque quizá no conozcan la versión moderna, de la cual tomé prestada la imagen al lado.
Este cuento infantil viene a cuento, valga la redundancia, por lo que preguntaba Carlos en uno de los comentarios al artículo anterior. Para refrescar de lo que se trataba, vuelvo a citar el artículo que él mencionaba. Se trata de un artículo originado en el diario El Argentino de Gualeguaychú, que no pude encontrar en sus archivos (en realidad, no encontré sus archivos) pero que fue reproducido en varios lados, por ejemplo Informe Digital, identificando a El Argentino como su fuente. Reproduzco debajo parte de lo que dice el artículo:
El equipo argentino responsable del componente atmosférico de los estudios, encabezado por Inés Camilloni, investigadora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, había determinado para la línea de base que “no se detectó sulfuro de hidrógeno (H2S) en el aire de la zona de influencia de Botnia” y que “las concentraciones de otros contaminantes medidos no superan las normas nacionales e internacionales de calidad de aire”.
Sin embargo, con la planta en marcha se detectaron cambios. “De acuerdo a las mediciones de la calidad del aire realizadas entre el 1º de julio de 2008 y el 31 de marzo de 2009 sobre el sector argentino, se comprobó que en 78 días se detectaron valores de concentración de sulfuro de hidrógeno superiores al nivel de detección de olor durante una o más horas”. Si bien no es causante de trastornos severos a la salud, este sulfuro (de característico olor a “huevo podrido”) puede provocar molestias y, en particular, afecta calidad de vida de los vecinos a la planta.
Estos argumentos están avalados por la UBA y por la Dra. Inés Camillioni, responsable del informe. El foco de este artículo entonces es ver qué se midió y si efectivamente las conclusiones a las que llegaron son válidas. Para ello no nos sirve analizar simplemente el artículo de prensa sino que debemos ir al informe como tal y sus datos, piezas de información que, lamentablemente, no están disponibles públicamente fundamentalmente por la amenaza de la Cancillería argentina de que si se reproducen o emplean en algo que no tenga relación con el juicio de La Haya, perseguirán penalmente al responsable.
Ante todo es necesario entender que el propósito de todos los estudios que se han efectuado por parte de Argentina no tuvieron en ningún momento el cometido de averiguar si había contaminación, sino de demostrar que la había y fundamentar la presentación frente a la CIJ de La Haya. Esto puede parecer sutil, pero no lo es. Si se mira el esquema que aparece arriba y que está incluido en la presentación argentina, se ve que todo está organizado con el propósito manifiesto de demostrar que hubo daño significativo ("significant harm"). Esto es importante, porque bien sabía el gobierno argentino que no le alcanzaba con demostrar que Botnia emitía nosecuántas toneladas de tal cosa o tal otra, sino que tenía que demostrar que esas emisiones producían daño significativo. Eso demuestra que el gobierno argentino conocía --como no podía ser de otra forma-- perfectamente lo que significa contaminación, por más que permitiera que los piqueteros y sus consejeros --Alazard y Matta a la cabeza-- desbarraran ampliamente sumando toneladas de CO2 con mg de dioxinas, o hicieran comparaciones como la de los Empire State de la inefable Picolotti.
Está claro entonces que la idea de esta presentación no es la neutralidad, no significa "busquemos" sino "encontremos" y el bias ya implica que debe mantenerse una cierta precaución al aproximarse a los datos y al informe. El hecho mismo de que el gobierno argentino haya incluido entre el "significant harm" la afectación al aire, muestra la mala fe con que se procedió desde el principio, ya que de la misma forma que sabían la diferencia entre emisión y contaminación, sabían que el aire no estaba incluido dentro de las previsiones del Estatuto del río Uruguay y cualquier consideración sobre ello sería desechada in toto por el Tribunal (tal como sucedió).
Concentrémonos entonces primero en el tema, que se ha meneado mucho últimamente, de para dónde apuntan los vientos en la zona. De acuerdo a las preocupaciones de los piqueteros, tenemos por ejemplo esta declaración:
Ayudados por pantallas, mostraron el cuadro de vientos en la región que indica que "el 72 por ciento de los días del año el viento sopla desde Botnia hacia Gualeguaychú".
Ahora podemos preguntarnos en qué basan esta declaración. Si vamos al informe del gobierno argentino, vemos que incluyen varias rosas de los vientos obtenidas para cada mes en la estación meteorológica Gualeguaychú aero. Usando datos del Servicio Meteorológico Nacional (argentino) entre los años 1991 y 2000 determinan los promedios que se muestran para cada mes y para todo el año en las figuras de más arriba.
Yo no soy meteorólogo, claro, y tengo que basar mi análisis de las gráficas en lo que dice la Dra. Camillioni, que si es una experta en la materia. Según el informe, la predominancia de vientos en Gualeguaychú son de la dirección NE, E, SE y S, a una velocidad promedio de 13 km/h. Si uno suma esas cuatro direcciones, usando los porcentajes de la gráfica anual, obtiene que del orden de 47% del tiempo el viento viene de alguna de ellas. Eso está lejos del 72% que dicen los piqueteros, hasta que observamos que 35% del tiempo hay calmas. Y así obtenemos el número mágico 47 / (100 - 35) = 47/65 = 72% que los piqueteros transforman en que el 72% el viento va de Botnia a Gualeguaychú. Lo que verdaderamente dice el informe, refiriéndose a la imagen que se muestra a la izquierda, es que
It can be seen that during all months the frequency of winds occurrence from Botnia towards Argentina is significantly greater than in the opposite direction (from Botnia towards Uruguay) and fluctuates between 60.9% in June and 80.0% in January. The annual average stands at 72.3%.
Vemos que en esto hay una extrapolación. En sí no se ha medido la rosa de los vientos en Botnia o en Fray Bentos, sino en Gualeguaychú, que está tierra adentro. Del hecho de que la mayoría de los vientos registrados en la ciudad se dan desde las direcciones NE-S se llega, extrapolando, a que la mayoría de los vientos va desde Uruguay hacia Argentina. Pero eso es en efecto muy engañoso. Tomemos la rosa de los vientos anual de Gualeguaychú y superpongámosla a la ciudad de Gualeguaychú en un mapa de Google. Lo que obtenemos es la figura de la derecha, que muestra claramente que la dirección predominante de los vientos en Gualeguaychú NO es la que corresponde a Uruguay, sino a la propia Argentina. Los vientos provenientes de Uruguay son los que abarcan el octante E-SE, por donde penetran del orden del 10% del tiempo, muy lejos del 72% que pretenden los piqueteros. El propio informe de Camillioni no dice que los vientos vayan de Botnia a Gualeguaychú, sino que van de Botnia a Argentina, empleando una extrapolación incorrecta.
Los datos aportados por Camillioni a este respecto no son nada extraños. Son los mismos datos empleados por el primer informe de Ecometrix para determinar el impacto acumulativo de las pasteras de Ence y de Botnia. Lo que hay que hacer es ir al informe de EcoMetrix, el primero, informe acumulativo, que fue el que definitivamente se usó por el Bco. Mundial para dar el aval a Botnia. En el anexo C se trata de la calidad del aire y, como no podía ser de otra forma, se analizan los datos meteorológicos. Adjunto acá la figura C3.1-1 que tiene la rosa de los vientos con cuatro gráficas superpuestas, que están construidas con los datos de 3 sitios (Ence, Botnia y Gualeguaychú Aero) y una simulación matemática. Como se ve, en todos los casos se observa la misma cosa, los vientos predominante vienen del NE o el ENE, desde el propio territorio argentino, no del uruguayo.
Eso entonces en lo que respecta a la dirección predominante de los vientos. Veamos ahora un poco el tema del sulfuro de hidrógeno (H2S), la línea de base y los "excesos" frecuentes por sobre el umbral de detección. De acuerdo al informe, se emplearon estaciones fijas y móviles de monitoreo, con el detalle que se muestra en la tabla de la derecha. La disposición de los sitios en la región se muestra en la figura de más abajo. Como se ve, el sitio más cercano a Botnia es el 1, la Estancia La Victoria, y el 2 y el 3 corresponden a los sitios importantes de Ñandubayzal y Gualeguaychú respectivamente.
En el reporte original se muestran una cantidad de fotos de los equipos empleados para el monitoreo, y un par de fotografías interesantes que quiero comentar a continuación.
En primer lugar, tenemos la fotografía que muestra el sitio en la estancia La Victoria, donde se estableció uno de los equipos fijos. Este sitio está a unos siete kilómetros de Botnia en línea recta, como se ve en el esquema, y en la fotografía es dable apreciar sin problemas la fábrica en el horizonte. Ciertamente no luce espectacularmente grande o fea, simplemente una fábrica en el horizonte.
En la segunda fotografía tenemos la localización de los aparatos de monitoreo portable en Gualeguaychú. Les llamo la atención particularmente hacia el punto de medición número cuatro. Como ven, está muy cerca de las piletas de decantación, a cielo abierto, donde se depuran las aguas servidas del balneario antes de verterlas al río por un canalón que desemboca en la playa, como se ve en el círculo. El desborde la materia fecal de estas piletas, luego de intensas lluvias y crecida del río fue lo que provocó los sarpullidos a los bañistas, de los que tanto se habló en su momento.
Como se pueden imaginar, el poner un equipo de medición de sulfhídrico en las inmediaciones de una planta de tratamiento de materia fecal es una de las mejores maneras de registrarlo, ya que todos estamos acostumbrados a olfatear de vez en cuando olor a cloaca que justamente tiene un alto contenido de mercaptanos. El punto de medición 1 está también bastante cercano al desagüe de las piletas de tratamiento, por lo que no asombraría que registrara también valores interesantes.
Finalmente, una foto muy interesante, de una de las unidades móviles instaladas en el Ñandubayzal, nos permite apreciar con meridiana claridad la "contaminaciòn visual" causada por Botnia. Los perdono si necesitan esforzarse bastante para ver la fábrica, a mí también me costó lo suyo.
Bueno, veamos ahora el asunto de la línea de base. En el informe dicen que (pág 16):
The Botnia Company declared the start-up of its operations on the 10th November, 2007 at 10:30 hours. Consequently, the measurements made before that date are considered to be pre-operational and may be used as a baseline indicatory of the environmental conditions prior to the plant start-up. Data obtained between 4th September, 2007 and 10th November, 2007 may be compared with later measurements so as to evaluate possible changes in the air quality in the area under analysis.
Es decir que, en el mejor de los casos, la línea de base contra la que van a comparar tiene dos meses y medio de largo temporal. Eso evidentemente ni siquiera cubre las variaciones estacionales, puesto que se hace sólo para la primavera, pero no para ninguna de las otras estaciones en las que el río sufre modificaciones importantes de caudal. Pero la cosa se pone peor. Si se fijan en la figura a la izquierda verán los períodos declarados en los cuales se hicieron mediciones para establecer la línea de base. En principio parece confuso, porque daría la impresión de que se midió por varios meses, pero no es así, simplemente que --sin atribuirles intenciones, por supuesto-- listaron las fechas como mm/dd/aa en lugar del usual dd/mm/aa. Cuando se despeja esta inocente triquiñuela, uno se encuentra que la línea de base en la Estancia La Victoria, por ejemplo, abarca el extensísimo período de... DOS DÍAS. Si, no estoy bromeando. Pretenden haber establecido una línea de base usando las mediciones realizadas desde el 4 de Setiembre a la 1 de la tarde hasta el 6 de Setiembre a la misma hora. Dos días, 48 horas. Los demás no son mucho mejores, 3 días en Ñandubayzal, 5 días en Gualeguaychú. ¿Y pretenden que esto es un estudio serio? Por favor.
Bueno, ¿qué hacen entonces con estas mediciones? Determinan esa "línea de base" falta de todo rigor científico y la disimulan detrás de tablas que se presentan de la forma que se muestra a la derecha. Ahora bien, veamos lo que eso quiere decir.
Concentrémonos en el caso de Ñandubayzal. Ya vimos que en este caso se monitoreó durante tres días para conseguir estos datos. Y se registra que "no había" H2S en el período preoperacional. En realidad, el S/D lo que quiere decir es que no se registró nada por encima del umbral de detección. Pero, si empleamos el curioso método que los piqueteros usan para medir contaminación (que consiste en asumir que el límite de detección es efectivamente lo que hay, por más que no se haya podido registrar nada) deberíamos decir que había 0.5 ppb de H2S (o.5 ppb es el límite de detección de los aparatos usados). Es claro entonces que la conclusión es obvia. Como en ninguno de esos tres días pudieron medir H2S terminan diciendo que "en el período preoperacional el H2S estaba ausente". Lo que es manifiestamente incorrecto desde el punto de vista científico, técnico y metodológico.
Una cosa que tenemos que tener clara antes de continuar es el asunto de las unidades. En general pueden elegirse dos tipos de unidades ppb (partes por billón) o ppm (partes por millón) por un lado, o mg/m3 (miligramos por metro cúbico) o ug/m3 (microgramos por metro cúbico) por otro. La relación entre estas unidades no es constante, sino que depende del gas de que se trate. En el caso del H2S la relación es 1ppb=1.39 ug/m3 e, igualmente, 1ppm=1.39 mg/m3. Quiere decir que el límite de detección en el caso que nos concierne, 0.5 ppb, es 0.695 ug/m3. El estándar establecido por la Dinama como control es que la concentración de TRS no debe exceder 3 ug/m3 (2.16 ppb) más que un 2% del tiempo (o sea, no más de 175 horas al año). Como se ve en la tabla de la izquierda, los datos uruguayos para esos tres día sen que se midió en Ñandubayzal coinciden razonablemente. En todos los casos el valor promedio registrado está por debajo del límite de detección.
El olor del H2S es detectado fácilmente por los seres humanos a concentraciones muy bajas. y hay muchos estudios sobre sus efectos (por ejemplo la reciente guía de calidad de aire de Maine, de 2006) En un reporte de 1985 para el Comité de Recursos Aéreos de California, se sintetizaron muchos reportes individuales de detección de olor y se los modeló con una curva log-normal con una media geométrica de 8ppb (11.1 ug/m3) y una desviaciòn estándard de 4 ppb. La variabilidad de la detección es muy grande y hay dos estudios muy serios, de fines del siglo pasado que indican que el rango de detección de olor va de entre 0.5 a 300 ppb (0.7-417 ug/m3) en un caso a 0.07-1400 ppb (0.1-1946 ug/m3) en otro caso. Los estudios de disconfort (es decir, cuando el olor realmente constituye una molestia) indican que se alcanzan niveles molestos cuando la concentración es alrededor de 5 veces la de detección de olor. O sea que, basado en un nivel de detección de 8 ppb (11 ug/m3) el nivel de disconfort sería 40 ppb (55.5 ug/m3). Los estudios de California muestra que un 83% de la población detectaría olor a 30 ppb (41.7 ug/m3) y finalmente la OMS recomienda que para prevenir quejas sobre olores el promedio cada 30 minutos debe ser menor a 5 ppb (7 ug/m3). Los datos uruguayos para el período Set-Nov 2007 se muestran adjuntos, obtenidos del sitio web de monitoreo del litoral para la ciudad de Fray Bentos. Incidentalmente nótese que la línea de base en el caso de Uruguay puede construirse por cualquier persona consultando el sitio web y con muchísimos más datos que la argentina, que es completamente improvisada.
La gráfica muestra claramente que (a) el estándar de Dinama es menos de la mitad del recomendado por la OMS (es decir, es 100% MÁS exigente) y (b) que los promedios diarios están siempre muy por debajo de esa cota y por debajo del nivel más exigente de detección de olor, excepto que en algunos casos los máximos están levemente por encima, lo que implica que las narices más sensibles podrían haberlo detectado. Aclarados estos puntos, vamos a concentrarnos entonces en analizar el período 1/7/2008-31/3/2009 en que en el informe se describe como que hubieron 78 días de detección de sulfídrico por sobre el límite de detección durante una o más horas. Y para analizar ese período usaremos los propios datos de Camillioni, los datos de la Dinama y los datos de Green Cross.
Seguimos en la próxima entrega.
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